De rojos zafiros tu mirada
Loca, engalanada;
Es de extravíos y tergiversación en espejos
Que reflejan tu cuerpo con rostro de escualidez.
Fricción bajo tus pies, que cubiertos de mineral,
En primitivos charcos de lentos pasos en tu senda;
Provocan disturbio y estruendo.
Y al ser escuchado por las ratas, estas se ahuyentan,
Te huyen en silencio aun al moverse.
Míseras aquellas las noches
Que no desearías caminar.
Míseras lo son y aun iluminadas con la pasión de tu fervor,
No consigues la oscuridad sofocar.
Únicamente conquistas pobreza,
Aquella que ya conocías y que de las penumbras
Hicieron retornar aquellos huéspedes
Que para ti ya concebías como ficticios.
Aquellos los mismos que no lograste sepultar jamás,
Que aun cuando les invocabas,
En tu desmayo no hacían acto presente.
